Nuestras raíces
La historia de la Asociación de la Iglesia Cristiana Evangélica Eslava tiene sus raíces en los pueblos eslavos, una comunidad con una rica herencia cultural y espiritual originaria de Europa Central, Oriental y Sudoriental. A lo largo de generaciones, estos pueblos preservaron su idioma, sus tradiciones y, sobre todo, su fe cristiana, legado que hoy continúa vivo en nuestras iglesias.
Entre ellos se distinguen tres grandes grupos: los eslavos occidentales (como polacos, checos y eslovacos), los eslavos orientales (ucranianos, rusos y bielorrusos) y los eslavos meridionales (serbios, eslovenos, macedonios y otros). Aunque diversos en sus tradiciones y culturas, comparten un patrimonio histórico que ha dejado una profunda huella en numerosos países.
A comienzos del siglo XX, miles de familias eslavas emprendieron un largo viaje hacia América. Las persecuciones políticas posteriores a la revolución de 1905 en el Imperio Ruso y, posteriormente, las consecuencias de la Primera Guerra Mundial impulsaron una importante corriente migratoria, especialmente desde Ucrania y el este de Polonia.
En la década de 1920 muchos inmigrantes llegaron al puerto de Buenos Aires; otros ingresaron por Brasil y se establecieron inicialmente en Paraguay, particularmente en la colonia de Fram, desde donde numerosas familias continuaron su camino hacia distintas provincias argentinas en busca de nuevas oportunidades y libertad para construir su futuro.
Junto con sus costumbres, su idioma y sus tradiciones, trajeron consigo un tesoro aún más valioso: su fe en Jesucristo. Esa fe dio origen a comunidades cristianas que, con el paso de los años, se consolidaron en congregaciones comprometidas con la enseñanza de las Sagradas Escrituras, la vida de la Iglesia y el anuncio del Evangelio.
La Asociación de la Iglesia Cristiana Evangélica Eslava, constituida oficialmente en 1956, es heredera de ese legado. Representa la continuidad de una historia marcada por la perseverancia, el servicio y la fidelidad a Dios, manteniendo viva la misión de proclamar el Evangelio y fortalecer la comunión entre las iglesias para las generaciones presentes y futuras.
Un siglo de fidelidad
Las raíces de un pueblo
Las comunidades eslavas consolidan su identidad cultural y espiritual en Europa Central y Oriental, preservando un legado de fe que acompañará a las futuras generaciones.
El comienzo de una nueva etapa
Tras la fallida revolución contra el Zar Nicolás II y las posteriores persecuciones, numerosas familias eslavas inician un proceso migratorio hacia distintos países de América.
La llegada a Sudamérica
Finalizada la Primera Guerra Mundial, miles de familias provenientes principalmente de Ucrania y del este de Polonia emigran a Sudamérica. Muchas se establecen en Argentina y Paraguay, llevando consigo su idioma, sus tradiciones y su fe cristiana.
Comienza la obra en Buenos Aires
Se inicia oficialmente la obra en la ciudad de Buenos Aires, con reuniones en Av. San Martín 1773 (Capital Federal).
Expansión de la congregación
La obra continúa creciendo con el establecimiento de un nuevo punto de reunión en Pilcomayo 4263, Lanús Oeste.
Primer culto evangelístico al aire libre
Se celebra el primer culto público al aire libre en los idiomas ucraniano, ruso y polaco, frente a la Torre de los Ingleses, en la ciudad de Buenos Aires. Como fruto de aquella jornada, alrededor de cincuenta personas se incorporan a la iglesia.
Nacimiento de una identidad
Se adopta oficialmente el nombre Iglesia Cristiana Evangélica, consolidando la identidad de la obra.
Primera Conferencia Nacional
Se realiza la Primera Conferencia Nacional de las Iglesias Eslavas, fortaleciendo la comunión y el trabajo conjunto entre las congregaciones.
Constitución de la Asociación
Se constituye oficialmente la Asociación de la Iglesia Cristiana Evangélica Eslava, dando forma institucional al trabajo desarrollado por las iglesias.
Reconocimiento legal
La Asociación obtiene su Personería Jurídica, consolidando su reconocimiento institucional en la República Argentina.
Una misión que continúa
La Asociación reúne iglesias comprometidas con la proclamación del Evangelio de Jesucristo, el fortalecimiento de la comunión entre las congregaciones y el servicio a Dios y a la sociedad, manteniendo vivo el legado de quienes sembraron esta obra con fe, dedicación y esperanza.
Honrar a Dios, servir a Su Iglesia, anunciar el Evangelio
Creemos que cada generación recibe el privilegio y la responsabilidad de transmitir el Evangelio con fidelidad. Trabajamos para fortalecer a las iglesias, formar líderes y servir a la sociedad con el amor de Cristo.
“Luchando unánimes por la fe del Evangelio.” — Filipenses 1:27